Calidad del Agua en Termas: pH, Cloro y Turbidez — Los Parámetros que van Más Allá de la Legionella
Publicado por Juan Pablo Andueza de la Fuente en

El artículo anterior de esta serie abordó el riesgo de Legionella en complejos termales — la bacteria que se multiplica en el rango de temperatura de uso recreativo y que se transmite por aerosoles. Pero el control de la calidad del agua en una instalación termal no se limita a gestionar ese riesgo específico. El agua termal de origen geotérmico tiene características físico-químicas complejas — pH, contenido mineral, temperatura de emergencia, turbidez — que deben gestionarse activamente para garantizar tanto la seguridad sanitaria del huésped como la experiencia que justifica el valor del servicio.
El pH: el Parámetro que Controla Todo lo Demás
El pH del agua de las pozas termales y piscinas es el parámetro que más influye sobre todos los demás aspectos de la calidad del agua — la eficacia del desinfectante, el confort del bañista, la corrosión de las instalaciones y la claridad del agua.
Para agua de uso recreativo, el rango de pH recomendado por el DS N° 209 del MINSAL y las guías de la OMS está entre 7,2 y 7,8. Fuera de ese rango:
Con pH bajo 7,0 (ácido), el cloro es muy eficaz como desinfectante pero el agua se vuelve irritante para ojos y piel, puede generar corrosión en las instalaciones metálicas y en los revestimientos de la poza, y los huéspedes experimentan molestias físicas durante el baño que atribuyen a la calidad del agua.
Con pH sobre 8,0 (alcalino), el cloro pierde casi completamente su eficacia como desinfectante — a pH 8,5, el hipoclorito libre disponible para desinfección es menos del 10% del total añadido. Esto significa que aunque la concentración de cloro medida en el agua parezca correcta, su capacidad real de eliminar microorganismos es drásticamente reducida, creando un riesgo sanitario invisible para el operador que solo mide cloro total sin considerar el pH.
El agua de origen geotérmico puede tener pH muy variable según la fuente — algunas aguas termales son naturalmente ácidas (pH 4-5) y requieren corrección significativa antes de su uso recreativo. El monitoreo continuo del pH permite detectar variaciones que pueden ocurrir por cambios en el flujo de agua de origen, variaciones estacionales o cambios en el tratamiento.
El Cloro Residual: Eficacia que Depende del pH y la Temperatura
El cloro es el desinfectante más utilizado en instalaciones acuáticas de uso público en Chile. La concentración de cloro libre residual recomendada para piscinas y pozas es generalmente entre 0,5 y 1,5 mg/L según el DS N° 209 del MINSAL, aunque las instalaciones con mayor temperatura o uso intenso pueden requerir concentraciones más altas.
La temperatura del agua afecta directamente la velocidad de consumo del cloro: a mayor temperatura, el cloro se consume más rápidamente por su reacción con materia orgánica y la descomposición acelerada del hipoclorito. En pozas termales a 38-40°C, el tiempo de vida útil del cloro residual es significativamente menor que en una piscina convencional a 28°C, lo que requiere una dosificación más frecuente o automatizada para mantener la concentración dentro del rango seguro.
Esta interdependencia entre temperatura, pH y eficacia del cloro es la razón por la que el monitoreo de temperatura en instalaciones termales no puede separarse del monitoreo de calidad del agua — son variables que se influyen mutuamente de forma constante.
La Turbidez: el Indicador Visual que los Huéspedes Notan Primero
La turbidez del agua — su claridad o transparencia — es el parámetro de calidad del agua que los huéspedes evalúan de forma inmediata y visceral. Un agua turbia genera desconfianza sobre su higiene, independientemente de que los parámetros microbiológicos estén dentro de norma. Y al contrario, un agua cristalina genera percepción de calidad aunque tenga parámetros de desinfección subóptimos.
En instalaciones termales, la turbidez puede estar causada por varios factores: partículas minerales en suspensión naturalmente presentes en el agua de origen geotérmico, algas en desarrollo por dosificación insuficiente de desinfectante, materia orgánica aportada por los usuarios (aceites corporales, protectores solares, cosméticos) o precipitación de minerales por cambios de pH o temperatura.
El monitoreo de turbidez — junto con pH y cloro residual — forma parte del sistema integral de gestión de calidad del agua que permite al operador actuar proactivamente: aumentar la filtración, ajustar el pH, incrementar la dosificación de desinfectante o programar un vaciado y limpieza del sistema antes de que la turbidez sea perceptible para el huésped.
Las Características Específicas del Agua Geotérmica
El agua termal de origen geotérmico tiene características que la distinguen del agua de red y que pueden complicar su tratamiento para uso recreativo:
El alto contenido mineral de algunas aguas termales — sulfuros, bicarbonatos, silicatos, hierro — puede interferir con los sistemas de desinfección convencionales y puede generar precipitación de depósitos en las paredes de las pozas y en los sistemas de filtración. Los sulfuros, en particular, consumen cloro rápidamente y pueden generar olores a huevo podrido si no se gestionan adecuadamente.
La temperatura de emergencia del agua geotérmica puede ser muy superior a la temperatura de uso recreativo, requiriendo mezcla con agua fría que puede generar zonas de temperatura heterogénea si la mezcla y circulación no están correctamente diseñadas. El monitoreo de temperatura en múltiples puntos del circuito — no solo en la poza principal — permite verificar que no existen zonas donde el agua esté en el rango de multiplicación de Legionella.
El Sistema Integral: Temperatura, pH, Cloro y Turbidez
La gestión de calidad del agua en una instalación termal requiere monitorear simultáneamente múltiples parámetros que interactúan entre sí. Un sistema de monitoreo de calidad de agua que registra continuamente temperatura, pH y turbidez — con alertas configuradas para cada parámetro — permite al equipo de operaciones de la instalación gestionar esa complejidad de forma proactiva en lugar de reactiva.
Los registros generados forman también el expediente de cumplimiento que el SEREMI de Salud puede solicitar durante una inspección — demostrando que los parámetros de calidad del agua se monitorearon y gestionaron correctamente durante todo el período de operación.
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es el rango de pH óptimo para el agua de pozas termales en Chile?
Entre 7,2 y 7,8 según el DS N° 209 del MINSAL y las guías de la OMS. Fuera de ese rango, el agua puede ser irritante para ojos y piel (pH bajo 7,0) o el cloro puede perder casi completamente su eficacia como desinfectante (pH sobre 8,0).
¿Por qué las pozas termales consumen cloro más rápido que las piscinas convencionales?
Porque la temperatura más alta acelera la velocidad de reacción del cloro con la materia orgánica y su descomposición espontánea. En pozas a 38-40°C, el tiempo de vida útil del cloro residual es significativamente menor que en una piscina convencional a 28°C, lo que requiere dosificación más frecuente o automatizada.
¿Qué causa la turbidez en pozas termales y cómo se corrige?
Puede ser causada por partículas minerales en suspensión del agua de origen geotérmico, algas por desinfección insuficiente, materia orgánica de los usuarios, o precipitación mineral por cambios de pH o temperatura. La corrección depende de la causa: ajuste de filtración, corrección de pH, incremento de desinfectante o limpieza del sistema.
¿Tu complejo termal necesita implementar un sistema integral de monitoreo de calidad del agua que cubra temperatura, pH, cloro residual y turbidez? Contáctanos aquí y nuestros expertos te ayudarán.
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- Etiquetas: agua termal, calidad del agua, chile, cloro, data logger, ph, seremi, termas, turbidez


